lunes, 23 de febrero de 2015

Vida antes de la Gracia

La vida antes de la gracia

Leer | Efesios 2.1-3
22 de enero de 2015
Gracia es el amor inmerecido que Dios muestra a los pecadores. Él manifestó este amor mediante la muerte de su Hijo. Y esa gracia llega a ser nuestra cuando confesamos que somos pecadores y recibimos a Cristo como nuestro Salvador. En virtud de la gracia, somos perdonados por Dios y adoptados en su familia.
El pasaje de hoy describe nuestra vida antes de la gracia —estábamos muertos en delitos y pecados. Esto significa que toda persona nace muerta a las cosas de Dios, pues venimos a este mundo sin vida espiritual. Nuestra naturaleza está inclinada a alejarse de Dios, y nuestro pensamiento y nuestra conducta siguen las cosas del mundo que están bajo el control de Satanás. Su plan siempre se opone al de Dios, y nos lleva a rebelarnos contra los mandamientos divinos.

Antes de tener un encuentro con la gracia, Pablo era muy religioso, pero ciego a la perspectiva y al plan del Señor. Estaba activamente opuesto a quienes seguían a Cristo (Hch 26.9-11). Con el fin de destruir la iglesia, trató de erradicar la fe cristiana, que él consideraba falsa. Pablo siguió persiguiendo a los creyentes hasta que se encontró con Jesús en el camino de Damasco (9.3-6). Solo entonces el futuro apóstol rindió su voluntad a la de Dios, y se convirtió en un fiel seguidor de Cristo.
Si usted no ha puesto su fe en el Salvador, entonces está muerto espiritualmente, separado de Dios, y bajo su condenación. Al igual que Pablo, usted puede ser muy religioso y, sin embargo, carecer de una relación personal con Jesucristo. Dios le ofrece la salvación hoy por medio de la fe en Él. ¿Cómo responderá usted?

Saber esperar en Dios

Saber esperar en Dios

Leer | Salmo 37.1-11
21 de enero de 2015
¿Ha notado usted que, a veces, algunas personas le hacen una pregunta, pero luego salen corriendo antes de que pueda responderles? Nosotros podemos actuar de la misma manera para con el Señor cuando no esperamos en Él.
Para saber esperar en Dios, necesitamos tener:
Fe. Debemos estar dispuestos a confiar en el Señor cuando no sea evidente una solución y no podamos ver una salida a nuestro problema. Meditar en la Sagrada Escritura y aplicarla a las dificultades de la vida dará como resultado una fe fortalecida (Ro 10.17).
Humildad. Al reconocer que no podemos lograr nada aparte de Jesús, debemos estar dispuestos a soportar hasta que Dios nos revele su respuesta (Jn 15.5). Sus caminos son siempre perfectos; nuestro plan más ingenioso no será tan bueno como el suyo.
Paciencia. Una actitud tranquila y una paz interior provienen de creer que el Señor es quien dice ser, y que Él hará exactamente como ha prometido. El Espíritu Santo nos ayudará a enfrentar las circunstancias estresantes sin quejarnos y a aceptar los problemas de la vida, en vez de tratar de manipular una salida.
Valentía. Es propio de la naturaleza humana querer tener el control; anhelamos saber qué va a suceder y cuándo. Hace falta valentía si queremos evitar seguir nuestros planes, o no ceder ante la presión de los demás. Con el poder del Espíritu Santo, podemos mantenernos serenos para esperar en Dios, incluso cuando las personas que nos rodean no aprueben nuestras decisiones.
La sabiduría y las acciones correctas vienen con la búsqueda de Dios y de su voluntad. ¿No quisiera usted tranquilizar su corazón y su mente para escuchar lo que Él quiera decirle?


La recompensa de esperar

La recompensa de esperar

20 de enero de 2015
Todos hemos experimentado tiempos de espera —en los consultorios médicos, en el tráfico, en las tiendas, etc. Mientras estamos allí, lo único que podemos hacer es esperar nuestro turno. En el reino de Dios, la espera está definida como una quietud activa —activa porque seguimos en nuestra situación presente; y quietud, porque nuestra atención está puesta en Él para recibir su guía. Un estilo de vida de quietud activa requiere una actitud resuelta y expectante, una disposición de ánimo paciente y decidida, y un corazón fervoroso y obediente.
Hay recompensas por esperar en el Señor. Una consiste en recibir el poder sobrenaturalpara vivir en santidad. Cuando nos sentimos abrumados, podemos ser tentados a apartarnos de Dios. En otras ocasiones, nuestras agendas nos dejan poco tiempo para pensar. Por tanto, tomamos decisiones apresuradas, adelantándonos a Dios. En cualquier caso, nos arriesgamos a fatigarnos y agotarnos emocionalmente, porque estamos funcionando con nuestras propias fuerzas. Esperar con paciencia en Dios nos dará la energía física y las reservas emocionales que necesitamos para seguir adelante.

He aquí dos beneficios adicionales en cuanto a la espera: Descubrimos la voluntad de Dios, que siempre es para nuestro bien (Ro 8.28), y tenemos la victoria espiritual en las pruebas de la vida.
Nuestro Dios omnisciente y omnipotente siempre actúa en el momento correcto. Por eso, si está pasando por alguna situación en la que desearía adelantarse al tiempo perfecto de Dios, sométase a Él y confíe en que le dará las fuerza para esperar el tiempo que sea necesario.

Lo que significa caminar con Dios

Lo que significa caminar con Dios

Leer | Génesis 6
19 de enero de 2015
Después que recibimos al Señor Jesús como Salvador, su Espíritu habita en nosotros de forma permanente. Sin embargo, hay una diferencia entre tener la salvación, y caminar realmente con el Señor. Ser salvo implica el perdón del pecado y la bendición de la seguridad eterna, mientras que caminar con Dios es un privilegio de cada día.
Para entender esta idea, consideremos el ejemplo de Noé. Génesis 6.9 lo identifica como un hombre que siguió al Señor de una manera agradable a Él. En otras palabras, vivía por fe. Sin duda alguna, Noé no debió haber entendido por completo la orden de Dios de construir un arca. Después de todo, nunca había llovido. Pero debido a que el Todopoderoso habló, Noé creyó y obedeció.

Para nosotros, caminar por fe no tiene que ser algo tan grandioso como construir un arca para salvar la fauna de la destrucción. En vez de eso, es algo más normal, como vivir con las prioridades que agradan a Dios, pasar tiempo en su Palabra, o ser consecuentes con los valores del Señor en un mundo que los desprecia. De hecho, es con frecuencia cuando no hay una crisis o un problema que nos motive, que se revela nuestro verdadero carácter. Cuando somos fieles en las cosas sencillas, normales y rutinarias, nuestro Padre celestial nos confía más.
Creerle a Dios y actuar como corresponde son aspectos importantes para seguirle. ¿Tiene usted esa confianza, que obedece aun cuando la dirección de Dios sea difícil o desconcertante? Pídale que aumente su fe, y renueve su compromiso de obedecerle adonde Él le guíe.

¿Quieres ser sano?

¿Quieres ser sano?

Nos aferramos a nuestras aflicciones porque nos resulta cómodo y familiar; sin embargo, el deseo de Dios es sanarnos. La pregunta es: ¿Dejaremos que lo haga?
por Winn Collier
Si usted ha tenido algún amigo o un miembro de la familia atrapado por una adicción, sabe que, a menos que exista el verdadero deseo de verse libre de esa tenaza que le está quitando la vida, poco cambiará. Tengo una amiga cuya historia incluye una lista larga de decisiones terribles: mala alimentación, sedentarismo, falta de descanso y envolvimiento recurrente en actividades estresantes. Todo esto ha deteriorado poco a poco su cuerpo y su alma. Los médicos le han advertido claramente en cuanto a su salud, y esto la ha atemorizado. Por tanto, durante algunas semanas dirá que está haciendo ajustes radicales. Pero, inevitablemente, vuelve a sus viejos hábitos. La verdad es que ella no quiere cambiar. Prefiere su estilo de vida poco saludable a estar bien. Pero yo no puedo tirarle la primera piedra, pues a veces, veo este patrón en mi propia historia.

La pura verdad es que, si queremos estar bien (ya sea en cuanto a la salud de nuestro cuerpo, o a la restauración de nuestra familia, o tener un vigor renovado en nuestro caminar con Dios), debemos anhelar sinceramente estar bien. Tenemos que avivar nuestras ansias de Dios y de lo bueno; tales deseos profundos no son secundarios —son esenciales. Agustín de Hipona dijo: “La totalidad de la vida de un buen cristiano es, en realidad, una práctica de deseos santos”. Jesús habló mucho de la importancia de prestar mucha atención a los afectos de nuestro corazón, avivando las llamas del hambre por lo bueno, y apagando al mismo tiempo todo fuego falso.
Continúe leyendo ¿Quieres ser sano?

martes, 17 de febrero de 2015

La verdad en cuanto a los creyentes

La verdad en cuanto a los creyentes

Leer | Juan 15.1-5
17 de enero de 2015
Cuando acepté a Cristo como Señor y Salvador de mi vida, alguien me dijo: “Defiéndete ahora lo mejor que puedas”, lo cual no es un consejo ni bíblico ni útil. Poco después, fui discipulado por cristianos fieles que me enseñaron la verdad en cuanto a la vida del creyente.

Un creyente se identifica como hijo de Dios. Por medio de la oración, tenemos acceso al Padre en todo momento, y podemos vivir confiados en que cumplirá cada una de sus promesas. Ya no somos etiquetados como “pecadores”, pues hemos sido convertidos en santos —en personas salvas por gracia, y separadas para los propósitos de Dios.
Un creyente está posicionado en Cristo. El Espíritu de Dios habita en nosotros para que podamos vivir en santidad como lo hizo Jesús. El pasaje de hoy utiliza la metáfora de la vid para describir esta relación. Nos dice que el Señor es la vid y nosotros las ramas conectadas a Él, alimentándonos de su poder.
La misión de un creyente es mostrar a Cristo al mundo. Nuestra viña debe producir el fruto del amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre y templanza (Gá 5.22, 23). Cuando nuestro carácter y nuestra conducta reflejan estos aspectos de la naturaleza del Señor Jesús, ayudamos a los demás a ver la hermosura de una relación con el Señor.
La verdad acerca de los creyentes es que no tenemos que “defendernos ahora lo mejor que podamos”. Dios obra por medio de sus hijos para lograr sus buenos propósitos.

Cómo mantener una actitud joven

Cómo mantener una actitud joven

Leer | Salmo 103.1-5
16 de enero de 2015
Todos queremos vivir a plenitud cada día. Pero, para hacerlo, tenemos que mantener una actitud joven en vez de entregarnos a la vejez y volvernos inútiles para el reino de Dios. He aquí algunas sugerencias para mantener la juventud durante toda la vida.
Primero, necesitamos seguir sonriendo. Nunca nos parecemos más a los niños que cuando nos divertimos con nuestros amigos. Pero, para poder sonreír, tenemos algunas veces que deshacernos del bagaje emocional. Algunas personas han sido heridas profundamente, y tienen la risa enterrada bajo sus aflicciones. Pero aferrarnos a los sentimientos del pasado nos envejecerá rápidamente. El Señor Jesucristo está dispuesto a quitar toda esa fealdad si renunciamos a ella, nos perdonamos a nosotros mismos y perdonamos a los demás, tantas veces como sea necesario.
Segundo, debemos seguir teniendo anhelos. Eso significa que debemos seguir persiguiendo nuestros sueños, y esforzarnos por lograr nuestras metas. Cuando alguien se despierta con algo para hacer o para ayudar a una persona amiga, experimenta más de lo que la vida puede ofrecer. Tan pronto como nos conformamos con ver pasar el mundo, comenzamos a envejecer.

Por último, y lo más importante, debemos seguir apoyándonos en el Señor. Si vivimos con la confianza de un niño, Dios bendecirá nuestra vida y nos usará para bendecir a otros. Él nos dará un sentido de contentamiento tan profundo, que ninguna prueba o ataque espiritual podrá destruirnos.

Más allá de nosotros mismos

Más allá de nosotros mismos

15 de enero de 2015
El apóstol Pablo entendía lo que significaba vivir bajo presión constante. Según lo que podemos leer en sus epístolas, sabía mucho en cuanto a dificultades y sufrimientos. Pero estaba más versado en la importancia de glorificar al Señor Jesús por medio de sus debilidades.
Podemos aprender de Pablo y de nuestras experiencias personales, que el preludio de una gran fortaleza es una gran debilidad. Nuestros momentos de mayor debilidad —cuando nos sentimos más desesperados— son precisamente los momentos en que Dios está libre de hacer su obra más grande en nosotros, dándonos su poder y su fortaleza. Es en esas dificultades cuando susurramos: “Padre, no puedo seguir adelante”, que recibimos la mejor preparación y el mayor poder para soportar la adversidad y salir adelante con nuevas fuerzas.

La naturaleza humana clama por fuerzas, valentía y suficiencia para enfrentar los problemas de la vida. Por tanto, muchas personas evitan las pruebas severas y las experiencias difíciles para no tener que aceptar lo débiles que son en realidad. Se dicen a sí mismas “soy capaz de manejar la vida bajo las condiciones que he puesto; mis fuerzas son suficientes”. Pero nunca podremos entender el poder sobrenatural que va más allá de nuestros límites, a menos que lo experimentemos. La única manera de tener la convicción de la suficiencia del Señor, es soportar la debilidad y luego ser testigos de la fortaleza que surge de ella. No importa lo que estemos pasando, existe un gran poder al alcance de los hijos de Dios.

Principios de la prosperidad

Principios de la prosperidad

Leer | Salmo 24.1, 2
14 de enero de 2015
¿Recuerda la verdad de que Dios es el dueño de todo? Si tenemos una firme comprensión de este concepto, y lo aplicamos a nuestra manera de pensar y al manejo del dinero, habremos dominado el primer principio de la prosperidad. Si entendemos que todo lo que vemos en nuestro mundo le pertenece a Él, comenzaremos a comprender que, literalmente, nada es nuestro; somos simples mayordomos del dinero de nuestro Amo. Como administradores de su dinero, debemos entender que no tenemos el derecho de decidir la manera de cómo debe ser gastado o invertido; Dios sí lo tiene y debe tener la última palabra en este asunto.

El segundo principio de la prosperidad, es que Dios quiere que sus recursos sean utilizados de una manera que le glorifiquen. Él no solo es el dueño de todo, con el derecho de decirnos cómo manejarlo, sino que también espera que le obedezcamos. Nuestra obediencia en asuntos de dinero lo glorifica. El Señor quiere que tengamos presente esto para hacer su obra, satisfacer necesidades básicas, y disfrutar de cosas buenas.
Así que, en este nuevo año, haga estas tres preguntas al Señor: ¿Cuánto quieres que designe para tu obra? ¿Qué porcentaje debe ser para satisfacer mis necesidades básicas y las de otras personas? ¿Cuánto quieres que utilice para mi satisfacción personal?
Si aceptamos que Dios es el dueño de todo, que somos administradores de su dinero, y que nuestros recursos deben ser utilizados para glorificarlo, estaremos satisfechos con lo que nos diga en cuanto a cómo utilizar el dinero que tenemos. ¿Qué tan satisfecho está usted?

Valentía en tiempos difíciles

Valentía en tiempos difíciles

Hace algún tiempo, dos mujeres chinas me contaron la historia de su padre. Éste fue arrestado en una redada a miembros de la iglesia que se reunía en una casa, y le fue dada una opción: negar a Cristo o ir a la cárcel. El hombre pasó veinte años recluido en prisión por su fe.
Me sentí conmovido hasta las lágrimas por el fiel testimonio de este hermano. Él entendió que Dios tenía el control de su vida, y esa conciencia le dio la valentía para agradar a su Padre celestial, sin importar las consecuencias.
Romanos 8.28 enseña que “a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien”. Las primeras palabras del versículo: “Y sabemos” ofrece un indicio en cuanto a cómo debemos confiar en que el Señor cumplirá su promesa. Podemos enfrentar la adversidad con valentía cuando desarrollamos el hábito de encontrar las huellas de Dios en situaciones de nuestro pasado.

Aunque Dios hace que nuestras experiencias sean para bien, Él no origina necesariamente las pruebas. El Salmo 103.19 dice que “su reino domina sobre todos”. Hay otras fuerzas en actividad en el mundo, pero el poder del Padre es el que predomina. Satanás puede tocar nuestra vida con sufrimientos, pero solo porque el Señor le permite hacerlo. Y Dios le da permiso solo cuando una situación se ajusta a su propósito final.
No importa las tragedias que enfrentemos, el compromiso de Dios sigue siendo el mismo: sacar bien del mal. Pablo sabía que la promesa era verdadera, y yo también. Examine su vida para encontrar evidencias de la actividad del Señor, y tendrá también esta seguridad.

Confianza en los tiempos difíciles

Confianza en los tiempos difíciles

La vida está en constante cambio. A veces pienso que si se resolvieran unos pocos asuntos, mis días serían más tranquilos. Pero, tan pronto como se solucionan esos problemas, surge uno nuevo. Incluso a nivel mundial ocurre lo mismo. La economía mejora, y después cae. Algunos conflictos políticos se calman, y luego estallan nuevas guerras. Puesto que vivimos en un mundo caído, los problemas son parte de nuestra realidad. La vida nunca se calmará hasta el punto de que podamos vivir con paz ininterrumpida.

Felizmente, Dios guía a los creyentes en los tiempos de turbulencia (Sal 23). Él es el Buen Pastor que permanece siempre con sus cansados corderos. Jesús prometió a sus discípulos: “No os dejaré huérfanos” (Jn 14.18). Y su promesa se cumplió en la persona del Espíritu Santo, quien fue enviado a morar en cada uno de los seguidores del Señor, y a cuidar de ellos. Pablo describió al Espíritu Santo como un sello colocado en los creyentes, hasta que sean llamados a su hogar celestial. En otras palabras, Él es quien nos da una barrera protectora contra las fuerzas del mal que desean arrebatarnos de la mano de Dios.
En los versículos anteriores a la lectura de hoy, Pablo se refirió a sus destinatarios como hijos del Señor (Ro 8.16). Por tanto, permítame ser muy claro en que la promesa de una presencia santa y protectora, es solamente para quienes han recibido a Jesucristo como Salvador. Nadie puede vivir sin problemas. Pero los creyentes tienen la garantía de un Compañero en las horas oscuras. Usted puede tener la confianza de que el bien y la misericordia de Dios le rodearán hasta que vaya a vivir en su hogar para siempre (Sal 23.6).

martes, 27 de enero de 2015

Sanidad del herido

La sanidad del herido

Jesús vino a nuestro mundo para transformarlo, pero regresará para perfeccionar el trabajo que había comenzado.
por Charles F. Stanley
Es difícil saber lo que realmente está pasando en la vida de las personas. Por ejemplo, en la iglesia la mayoría de las personas sonríen, saludan a sus amigos, y tienden a dar una buena impresión. Pero ¿qué tal si pudiéramos ver la verdad de sus vidas manifestada en sus cuerpos físicos? Descubriríamos que muchas están debilitadas por el dolor. Sabríamos al instante si les está sucediendo algo, y haríamos lo que pudiéramos para ayudarlas.
Así es probablemente cómo Jesús percibía a las personas cuando trataba de ayudarlas. Aunque en algunas de ellas las dolencias físicas eran más evidentes, también discernía la oscuridad espiritual y las heridas emocionales que las habían dejado devastadas. Y aunque Cristo siempre intervenía para sanarlas físicamente, su propósito principal era salvarlas del pecado y darles vida en abundancia (Jn 10.10).

Me pregunto cuántos creyentes hoy podrían decir con sinceridad que disfrutan de ese gran regalo. Sí, han sido salvos del pecado e irán al cielo, pero su vida parece más un seco desierto que un arroyo desbordante.
Continúe leyendo La sanidad del herido.

La manera de adquirir sabiduría

La manera de adquirir sabiduría

10 de enero de 2015
Aunque el conocimiento es un bien preciado en el mundo, la sabiduría es aun más importante (Pr 8.11). Dios quiere que veamos la vida desde su perspectiva, y que evaluemos todo de acuerdo con los principios bíblicos.
Pero para ello, debemos buscar crecer en sabiduría; pues al igual que cualquier cosa valiosa, ella debe ser buscada y aprendida cuidadosamente de sus fuentes.
La primera fuente es la Biblia. Proverbios enseña que debemos prestar atención a las palabras de Dios, y guardar sus mandamientos en nuestro corazón (4.20-22). En estos días, la información se transmite de acuerdo a los intereses de las personas que la han preparado. La única manera de conocer la perspectiva correcta —es decir, la de Dios— es leer su Palabra y poner en práctica sus preceptos (8.33).

Otra fuente de sabiduría es el consejo de personas temerosas de Dios (12.15). Algunas veces, el Señor trae hermanos en la fe a nuestras vidas para brindarnos orientación bíblica, aliento o corrección. En el libro de Proverbios, quienes ignoran las palabras de una persona temerosa de Dios son etiquetados como “insensatos”. Así que no sea usted insensato. Rodéese de otros seguidores de Cristo que también estén buscando la sabiduría divina.
Nuestro Padre celestial asegura que quienes la busquen lo encontrarán a Él (8.12, 17). Los creyentes diligentes descubrirán que poseen un tesoro abundante: Además de una perspectiva piadosa, tendrán conocimiento, discernimiento y prudencia —riquezas poco comunes en el mundo moderno. Utilícelas bien.

Priorizar la oración

La prioridad de la oración

9 de enero de 2015
¿Dejó usted de lado alguna vez su tiempo diario de oración, pensado: Estoy demasiado ocupado para orar hoy? Cada vez que renunciamos al tiempo del recogimiento con Dios para hacer otra cosa, estamos haciendo una declaración en cuanto a nuestras prioridades. Es una manera no tan sutil de decir: “Jesús, mi agenda es más importante para mí que tú, hoy. Tendré que ponerme al día contigo más tarde”.
Todos hacemos esto de vez en cuando, ¿verdad? Dejar de orar a veces es muy fácil porque, dado que sabemos que el Señor está siempre allí, pensamos que podemos recuperar el tiempo después. Es como si menospreciáramos la presencia interior y eterna de Dios, pensando: El Señor estará allí mañana, ¡pero yo tengo que hacer esto hoy!
Lo que olvidamos es que el tiempo a solas con Dios es lo que nos da el poder para hacer frente a las tareas del día. Por tanto, cuanto más ocupado vaya a estar nuestro día, ¡más tiempo debemos pasar en oración!

La Biblia enseña claramente que el Señor Jesús daba prioridad a su tiempo a solas con el Padre. No puedo imaginar a ninguna otra persona que tuviera más en su mente, que tuviera más cosas que hacer, o que fuera más buscado que el Señor Jesús. Sin embargo, las veces en que estaba más ocupado, eran las veces que lo vemos apartarse de las multitudes para orar.
Recordemos que Jesús es Dios; si Él consideraba necesaria la oración para prepararse para sus días más ocupados, ¡entonces ella es absolutamente esencial para el resto de nosotros!

Una conducta absurda

Una conducta absurda

Leer | Salmo 55.22
8 de enero de 2015
Imagine que se encuentra caminando en medio de un aeropuerto lleno de gente. No puede moverse sin tropezar con alguien, porque está retrasado para tomar un vuelo y las ruedas de su maleta se rompieron por el peso. Sin otra opción, se ve obligado a llevar el equipaje en sus brazos y a maniobrar lentamente por el congestionado pasillo hacia el área de abordaje.
Casi de inmediato, un joven se le acerca y le ofrece ayudarle a cargar la maleta, pero no acepta, diciendo: “No, gracias. Yo me encargo”. Al darse cuenta de que el área de abordaje está dos niveles más arriba, se dirige a las escaleras. Alguien le pregunta: “¿No sería más fácil que tomara el elevador? Está allí mismo”. Pero usted responde: “No, yo me encargo”.
Cuando llega finalmente, siente entumecidos los brazos por la presión de la maleta. Le duele la espalda por soportar la pesada carga. Entonces ve varios carretones de equipaje disponibles, pero los ignora, pensando: “No, yo me encargo”.

Esta es una historia absurda, ¿verdad? ¿Quién preferiría llevar una carga tan pesada, prescindiendo de todas las oportunidades para liberarse de ella? Sin embargo, muchos creyentes están haciendo precisamente eso.
Nuestro Padre celestial nos ha llamado a poner nuestras preocupaciones a sus pies. Pero cuando no venimos a Él en oración, somos tan tontos como esa persona que va tambaleándose por el aeropuerto, balbuceando: “Yo me encargo”.
¿Está usted tratando de llevar una carga muy pesada? No desprecie la oferta de Dios de ayudarle. La verdad es que no podemos “encargarnos de todo”, y Él nunca quiso que lo intentáramos.

Toda ansiedad

Toda nuestra ansiedad

7 de enero de 2015
¿Se ha preguntado alguna vez por qué un pasaje que habla de la ansiedad describe a Satanás como un león rugiente? La ansiedad puede hacernos sentir deshechos por el temor, la frustración y la impotencia. La ansiedad es un sentimiento torturante y la lectura de hoy nos recuerda que el diablo la maneja hábilmente.
Sin embargo, no tenemos que vivir con ansiedad, pues Dios cierra la boca de los leones que amenazan a sus seguidores (Dn 6.22). Pedro habló de cómo podemos mantenernos alejados de las mandíbulas de la ansiedad. Primero, humillándonos delante de Dios. Lo que causa la ansiedad es una sensación de impotencia en una situación; por tanto, la mejor respuesta es rendirse a Dios con la confianza de que tiene el poder de controlar su vida. Además, nunca debe olvidar que Dios está siempre creando las circunstancias para el bien de usted y la gloria de Él (Ro 8.28).

Recuerde que la oración es una declaración de dependencia. Cuando usted se humilla, se está arrodillando delante del Dios omnipotente. Y puesto que nada es un impedimento para su poder, echar nuestra ansiedad sobre Él es la acción de confiar en que Dios se encargará de nuestros problemas. Él asume la responsabilidad de responder a las necesidades de los creyentes; y nosotros de obedecerle (Mt 6.31-33).
Por último, resistir a Satanás permaneciendo firme en la fe. En otras palabras, no arrebate esas preocupaciones de las manos de Dios para angustiarse por ellas otra vez. Cuando los planes de ataque del diablo le hagan temblar, rechace sus mentiras y tenga fe en que el Señor es suficiente para manejar la situación.

Jesús: El Salvador que nos busca

Jesús: El Salvador que nos busca

6 de enero de 2015
Los cristianos de Laodicea se veían a sí mismos como ricos y autosuficientes cuando, en realidad, su ceguera espiritual y su fariseísmo les habían impedido reconocer su verdadera pobreza. A pesar de que habían cerrado la puerta entre ellos y el Señor Jesús, Él nunca renunció a ellos.Apocalipsis 3.20 enseña que Jesús . . .
• Está a la puerta—Él Señor toma la iniciativa. Está listo y dispuesto a buscarnos, incluso cuando hayamos levantado una barrera.
• Llama a la puerta—Él trata de llamar nuestra atención por varios medios, incluyendo circunstancias, sufrimientos, pruebas, convicción de pecado, insomnio o su Palabra. Luego espera con paciencia nuestra respuesta.
• Nos invita a abrir la puerta—Aunque Cristo es omnipotente, nunca nos obliga a relacionarnos con Él.
• Atraviesa la puerta—Si le abrimos nuestro corazón, Él entrará en nuestras vidas. Por medio de la presencia interior del Espíritu Santo, participamos efectivamente de la naturaleza divina de Cristo, y somos transformados a su imagen.
• Cena con nosotros—Ahora que nada se interpone entre nosotros y Jesús, podemos comenzar a disfrutar de todos los beneficios de una relación estrecha con Él, y ser alimentados por su Palabra.
¿Dónde está usted en este proceso? ¿Ha levantado una barrera entre usted y el Señor? Los laodicenses nos enseñan lo infelices que somos cuando mantenemos a distancia al Señor Jesús. Solo si le permitimos un acceso irrestricto a nuestras vidas, experimentaremos el gozo de vivir con Él.


Aceptados por el Señor

Aceptados por el Señor

Leer | Romanos 8.14-16
5 de enero de 2015
Nuestro Padre celestial sabe que anhelamos ser aceptados, y sentir que formamos parte de algo. Él se encarga de ambas necesidades cuando recibimos a su Hijo Jesucristo como nuestro Salvador.
Por el pecado de Adán, se rompió nuestra conexión espiritual con el Señor (Ro 5.12). Por tanto, cada ser humano ha nacido desde entonces con una naturaleza “carnal” que mantiene al hombre separado de Dios. Pero el Padre tenía un plan para reconciliarnos con Él por medio de la sangre vertida por su Hijo (Col 1.20). Debemos entender que somos pecadores incapaces de pagar la deuda por nuestro pecado —algo que solo la muerte de Jesús en la cruz pudo pagar.

Toda persona que acepta el sacrificio de Cristo, recibirá el perdón de sus pecados y la reconciliación con Dios. Por haber sido justificados por la sangre del Salvador cada uno de nosotros llega a ser una nueva creación en Él.
En el momento de la salvación, somos aceptados en la familia de Dios, y recibimos el derecho de llamarlo nuestro Padre celestial. Con esta aceptación viene un sentido de pertenencia. Ahora somos parte de una familia unida en Cristo. Exteriormente somos diferentes unos de otros; pero, interiormente, estamos unidos por el mismo Espíritu (1 Co 12.12-14).
Nuestra sociedad nos dice que la aceptación se basa en lo que hacemos y en cuánto logramos. Pero el mensaje de Dios nos dice lo contrario: la fe en Cristo es la única razón para ser aceptados por Él. La presencia del Espíritu Santo en nosotros nos da testimonio de que siempre perteneceremos al Señor.